85. Sombras en el vidrio.
No tenemos mucho tiempo.
Lo sé en el momento en que escucho pasos en el pasillo.
Rita se aparta de mí, sus ojos todavía brillando con emociones sin nombre. Me cuesta soltarla, pero sé que el momento ha terminado.
Ahora, sobrevivir es la prioridad.
—¿Cuánto tiempo estuve inconsciente? —murmuro, poniéndome de pie.
Las cadenas en mis muñecas han sido removidas, pero el dolor sigue ahí, punzante. Siento la piel ardiendo, la transformación retenida por algo que han hecho en este lugar.
—Días. No sé