84. El dolor de la bestia.
El mundo es un torbellino de sombras y dolor.
Oigo voces. Lejanas. Como si hablara a través del agua.
—La dosis aún no es suficiente…
—Necesitamos más resistencia.
—¿Y la chica?
—Monitoreándola.
Intento moverme, pero no puedo.
No hay cuerpo. No hay forma. Solo el peso del dolor, hundiéndome en una negrura espesa.
Un zumbido empieza en mis oídos. Agudo, perforante.
Y entonces, la luz.
Una ráfaga de electricidad recorre mis nervios.
Grito.
O tal vez no.
Mi garganta es un desgarro seco, mi pecho u