83. El despertar en la jaula.
La primera sensación es el frío. Un frío metálico, antiséptico, que se cuela por mi piel desnuda.
Parpadeo.
Luz blanca. Techos lisos. Un zumbido constante en el aire.
Intento moverme, pero mis brazos no responden. Algo me sujeta. Brazaletes de acero, gruesos, apretados contra mis muñecas y tobillos. Estoy en una camilla de metal, ligeramente inclinada.
Y no estoy solo.
Mi respiración se acelera cuando la veo.
Rita.
Está en la camilla de al lado, inmóvil, con cables adheridos a su cabeza y