81. La luna es testigo.
El viento arrastra el hedor a pólvora y sangre. El silencio es un arma de doble filo, una pausa inquietante entre la guerra y el olvido. Rita tiembla entre mis brazos, su respiración entrecortada contra mi pecho. Me aferro a ella como si fuera lo único que me mantiene de pie, como si su calor pudiera disipar el veneno del cansancio que recorre mis músculos.
Los cazadores avanzan, sus pasos resonando en la maleza pisoteada. No disimulan su intención. Nos han rodeado. Nos tienen. Pero aún no disp