65. Ella sigue ahí afuera.
El sótano apesta a humedad y a desesperación.
Las cadenas me mantienen inmóvil, frías y pesadas contra mi piel. He intentado romperlas. He intentado arrancarlas, desgarrarlas con mis propias fauces, pero están hechas para contenernos. Son gruesas, forjadas con el metal que la manada reserva para los traidores.
Y ahora, eso es lo que soy.
Traidor.
Natan se aseguró de que todos lo creyeran. No importa que yo haya liderado la manada toda mi vida, no importa que haya peleado, sangrado y matado por