66. El juicio de los lobos.
La noche se estira sobre nosotros como un sudario.
Desde mi celda, escucho el murmullo de la manada reunida. El aire está cargado de expectativa, de resentimiento contenido. Saben lo que va a pasar. Saben lo que tiene que pasar.
Mi pecho se hincha con furia.
Rita está ahí afuera, sola.
No puedo verla desde aquí, pero su presencia es un eco en mis entrañas.
La manada se divide entre aquellos que quieren deshacerse de ella y los que creen que yo todavía puedo hacer algo por ellos. No es compasión