37. La prueba del deseo.
El sol apenas se filtraba a través de la cortina del cuarto. Un resplandor suave iluminaba las sombras que aún quedaban de la noche, mezclando la calma con la tensión palpable que flotaba en el aire entre nosotros. Rita seguía sentada sobre la cama, la mirada fija en mí, como si quisiera leer cada uno de mis gestos, cada uno de mis movimientos, como si se estuviera asegurando de que no fuera una ilusión, de que lo que había dicho no fuera solo una mentira que se disolviera en el aire.
Yo tambié