10. Bueno, acostumbrate.

—Solo digo que no deberías meterte tanto. Esto no es tu problema.

Ella soltó un bufido, sacando un par de cosas de las bolsas y acomodándolas en una pequeña alacena.

—Bueno, ya es tarde para eso, ¿no?

—Siempre podés dejarme ir.

Las palabras salieron antes de que pudiera detenerlas, y no me gustó cómo sonaron. Como un desafío. Como si realmente quisiera que lo hiciera... aunque la idea me resultaba insoportable.

Ella dejó lo que estaba haciendo y me miró fijamente. Su mirada era firme, sin rastr
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