Se acercaron a una de las mesas junto a la piscina y tomaron asiento.
―Te veo muy bien―habló Féodal una vez se sentó. ―No te imaginas cuánto me alivia saber que tú y el bebé estáis bien, porque él está bien ¿verdad? ―preguntó aquello mientras viajaba instintivamente la mirada hacia el vientre de la chica, el cual todavía no se notaba.
―El bebé está muy bien. Gracias por preocuparte, pero no es necesario.
―Ahora estoy más tranquilo. Pensé que por mi estupidez todo se te complicaría, pero me aleg