Él se soltó la mano de pronto, no quería que pareciera que la estaba obligando a nada, y se incorporó en el sofá después de apartarse la manta a un lado.
―Lo siento, ―se disculpó. ―Dame solo un segundo, por favor.
Le estaba viendo suplicarle, no podía seguir viéndolo así. Sin decir nada se sentó en el sofá junto a él, sorprendiéndolo por un instante, pero tuvo que reaccionar pronto, estaba teniendo la oportunidad de hablarle y que le escuchara.
―Sé que no tiene perdón nada de lo que te hice, y