Los besos eran delicados como si él tuviese miedo de lastimarla. Escucharla gemir ante ellos hacía que despertara en él aquello que debía mantener controlado. Intentó apartarse, pero ella lo mantuvo agarrada del cuello suplicándolo con la mirada que no se detuviera, ¿cómo iba a negarse? Retomaron el beso y esta vez fue más intenso.
Emma pasó su mano por su pecho e intentó desabrocharle los botones, pero él rápidamente tomó su mano deteniéndola y dejando de besarla.
―Por favor―pidió ella.
―Has te