ASHER WILSON
El vapor del café recién hecho se elevaba en espirales lentas sobre la taza, pero yo no lo miraba. Tenía la cabeza inclinada hacia el broche.
Esa pequeña mariposa de alas moradas descansaba sobre la mesa como si fuera la pieza perdida de un rompecabezas que llevaba años intentando resolver.
Lo tomé entre mis dedos y lo giré con cuidado. Era tan delicado, tan único… parecía contener un secreto.
Y por primera vez, tenía una pista.
La caligrafía de la carta, la dulzura de las palabras