Salí de casa más temprano hoy. El sol ni siquiera estaba tan fuerte, pero el calor dentro de mí era otro. Corazón inquieto, cabeza llena. Tres meses intentando fingir que su ausencia no pesa. Tres meses de obra, polvo, y construcción de la tienda y de mí misma.
Hoy Nanda no podía venir conmigo. Ella estaba trabajando, aún en esa vida. Sé bien cómo es. No la juzgo. Ya estuve allí también, caminando con tacones altos por callejones estrechos, vendiendo el cuerpo con el corazón apagado. Solo que a