Apenas terminé de hablar de Cometa y la puerta de la sala se abrió con fuerza. Era Fiera, cara cerrada, frente sudada, parecía que había recorrido toda la oficina corriendo. Solo por su postura, ya sabía que venía mierda.
—En serio, ya no aguanto más a esa maldita mujer, hermano —dijo Fiera.
Tiró la gorra en el sofá y se quedó caminando de un lado a otro, con la mano en la barbilla. Igor y yo solo intercambiamos miradas. Estaba claramente fuera de sí.
—¿Qué hizo Tatiana ahora? —pregunté.
—Se po