Diablo
Ella entró en la sala con esa mirada de quien sabe el poder que tiene. Cerró la puerta, se paró en medio del cónyuge y cruzó los brazos, como si quisiera desafiarme. Me hundí en el sofá, encendí el porro y lo prendí con calma, el mechero temblando ligeramente entre mis dedos. Mis ojos no se despegaban de ella.
—Quítate esa mierda de pantalón… y el top también —dije yo.
Ella no respondió de inmediato. Solo arqueó una ceja y comenzó a bajarse el pantalón despacio, como si fuera un striptea