Luna
Abrí los ojos despacio, sintiendo el peso de la resaca golpear suavemente. La habitación del hotel estaba oscura, la cortina cerrada, pero la luz de su celular iluminaba el rincón de la cama. Me giré hacia un lado, y allí estaba el Diablo, sentado con la espalda apoyada en el cabecero, la mirada fija en la pantalla. Cara cerrada como siempre, pero esta vez… estaba peor.
Él ni siquiera notó que me había despertado — o, si lo notó, fingió que no. Me senté despacio, ajustando la sábana sobre