—La orden es clara: nadie dispara primero. Quiero entrar, tomar a Luna viva y traerla entera. Si Fiera o ese tal Pez intentan reaccionar… ustedes saben qué hacer —dije.
Todos asienten, compenetrados conmigo. Subimos a las motos y al coche, y seguimos en silencio por la madrugada, el viento golpeando fuerte en el rostro. Seguimos en convoy hasta cierto punto de la cantera, pero ordeno apagar las motos antes de acercarnos demasiado. El ruido nos delataría.
—De aquí en adelante es a pie, por el mo