Diablo
El celular se queda mudo en mi mano. Él colgó — me colgó en la cara. Me quedo unos segundos quieto, sintiendo mi sangre hervir. Mi pecho sube y baja rápido, casi rasgándose.
—Ese hijo de puta va a pagar —dije bajo, pero con la voz cargada de odio.
Tiro el celular en el sofá y ya empiezo a caminar de un lado a otro. Cojo la pistola sobre la mesa, reviso el cargador, respiro hondo, pero mi corazón está en llamas.
—¡Igor! —grité por la ventana.
Él aparece corriendo enseguida.
—¡Dime, jefe!