Diablo
Tomé la primera avenida que daba al centro, la radio encendida bajito. Ella se quedó mirando la calle, callada, bebiendo agua de vez en cuando. Yo solo la miraba de reojo, comprobando si estaba bien.
Luna tenía esa manía de decir que estaba "de bien" incluso cuando claramente no lo estaba. Pero desde temprano estaba decaída, medio pálida. No iba a fingir que no lo noté.
—¿Qué pasa? ¿Me miras por qué? —preguntó ella, pillándome in fraganti.
—Porque tienes cara de que te vas a desmayar en