Luna
Desde que abrí los ojos, ya sabía que el día iba a ser de esos. ¿Sabes cuando el cuerpo parece que no te pertenece? Era eso. Todo estaba pesado, flojo, como si hubiera corrido una maratón mientras dormía. Me levanté solo porque el olor del café de mi abuela vino desde la cocina, pero ni siquiera pude llegar a la mitad de la taza. Todo lo que me metía en la boca, minutos después ya volvía. Mi estómago se revolvía sin piedad, y el mareo solo empeoraba.
La presión… ni se diga. Parecía que cad