LISA
Llego a la oficina con unas notorias ojeras; anoche no dormí absolutamente nada por terminar lo que el imbécil del señor García pedía, aunque no entiendo su capricho, ya que todo lo que le había dado estaba bien.
- Señorita Molina, espero tenga lo que le pedí hoy - tomo aire tratando de controlar mi furia.
- Aquí tiene, señor García - le extiendo la carpeta y este la toma de mala gana.
- Los revisaré. Ahora, tenga estos análisis, revíselos, y espero que esta vez sí lo haga bien - llego a mi