La villa estaba envuelta en un silencio apacible, apenas interrumpido por el murmullo del viento que acariciaba los árboles del jardín. Era una de esas noches donde la luna parecía más cercana, tan brillante que bañaba los ventanales con destellos de plata. Dentro, las velas encendidas creaban un ambiente íntimo: las sombras danzaban en las paredes como si quisieran acompañar a los dos habitantes de aquella habitación.
Chiara permanecía de pie junto a la ventana, con los brazos cruzados sobre e