El alba del día esperado llegó con una luz dorada que se filtraba por los jardines de la mansión, como si el universo entero se hubiera detenido para bendecir la unión de Chiara y Adriano. Un leve perfume a azahar flotaba en el aire, mezclándose con el aroma dulce del limonero que crecía junto al patio central, símbolo tradicional de fertilidad y prosperidad en las bodas sicilianas. Los sirvientes ya vestían los bancos con manteles blancos bordados, mientras una alfombra roja extendida conducie