«Dos meses después»
Antonia Castillo se había mudado a una propiedad pequeña en las afueras, una casa de arquitectura sencilla rodeada de una vegetación espesa que le servía de escudo. Fue un acto de rebelión silenciosa: rechazó vivir en la mansión principal, a pesar de que Alejandro insistía en que allí estarían «más seguros».
Legalmente, el mundo creía en el cuento de hadas de la reconciliación. Para los jueces, los periodistas y los abogados de Natalia —que seguían acechando como buitres esp