El silencio en la casa de Noah ya no era un refugio; era la calma que precede a una ejecución.Antonia sostenía al niño, sintiendo su calorcito contra el pecho, pero sus ojos estaban fijos en el folder que Noah acababa de dejar sobre la mesa.
El papel parecía quemar el aire a su alrededor.
—Cinco años, Antonia —la voz de Noah era baja, cargada de una frustración contenida—. No es un error. No es una confusión de archivos. Es un contrato blindado.
Antonia se acercó, dejando al bebé en el moisés