La luz del amanecer se filtraba por las ventanas de la biblioteca cuando Alejandro terminó de contar su sueño. El fuego de la chimenea crepitaba con un ritmo que parecía el latido de la casa misma, y las sombras de las llamas bailaban en las paredes cubiertas de libros viejos, como espectros que recordaban otras épocas, otras confesiones. El humo se elevaba en espirales grises que se deshacían en el aire, mezclándose con el aroma a jazmines que entraba por la ventana entreabierta. Antonia estab