La noche se había tragado el camino de tierra cuando la camioneta de Caleb se detuvo a un kilómetro de la cabaña. Noah sintió que el corazón le latía con más fuerza, pero no era miedo. Era adrenalina. La misma que había sentido en las misiones de la Red, la misma que lo mantenía vivo cuando todo parecía perdido. Apoyó la mano en el arma que descansaba sobre sus piernas, sintiendo el frío del metal contra la piel. La respiración de Alejandro, a su lado, era controlada, pero él notaba la tensión