La noche se había cerrado sobre la mansión como un manto de terciopelo negro cuando Noah y Antonia entraron en la biblioteca. Las luces estaban atenuadas, y el fuego de la chimenea crepitaba con un calor que contrastaba con el frío de la noche. Alejandro había llevado a los niños a la cama, y Caleb estaba en la cocina, preparando café. Elena, en silencio, había desaparecido hacia su habitación. La casa estaba en calma, pero la tensión aún flotaba en el aire, como una nube que no terminaba de di