El sueño llegó sin avisar, como un cuchillo en la oscuridad.
Antonia estaba en un jardín que no reconocía pero sentía familiar. El olor a jazmines llenaba el aire. Una hamaca vieja crujía con el viento. Y en una silla de mimbre, un hombre mayor tomaba café, con las manos arrugadas sobre la taza, la mirada perdida en el horizonte.
—Abuelo.
La palabra salió de sus labios antes de que pudiera pensarla. El hombre se volvió. Sonreía. Tenía los ojos claros, como los de Noah, pero más viejos, más cans