Los días siguientes se convirtieron en una sucesión de pequeños rituales médicos que estructuraban las horas vacías de la mansión. Las mañanas comenzaban con la visita de los enfermeros, que controlaban la temperatura de Noah, le tomaban la presión y cambiaban los vendajes de sus muñecas.
Las tardes traían a los fisioterapeutas, que intentaban que recuperara la movilidad de sus piernas, atrofiadas por días de inmovilidad y mala postura. Lo hacían caminar por el pasillo, agarrado a una barra de