La camioneta de la Red se detuvo frente a la mansión cuando el sol comenzaba a esconderse detrás de las montañas. Los últimos rayos de luz teñían el cielo de un naranja pálido que se reflejaba en las aguas del lago, y los jazmines del jardín soltaban su perfume en el aire, un aroma dulce que Antonia había aprendido a asociar con la paz. Pero esa tarde, no había paz. Solo el eco de la respiración entrecortada de Noah, que iba en el asiento trasero, envuelto en una manta gris, con la mirada perdi