El papel con la foto de Leo seguía apretado contra el pecho de Noah cuando despertó. No sabía cuánto tiempo había pasado. La bombilla seguía parpadeando, y las sombras de las paredes se movían como si tuvieran vida propia, como si la celda estuviera respirando. Pero él no miraba las sombras. Miraba la foto. La borrosa imagen de Leo sonriendo, con los brazos abiertos y los dientes de leche mostrando la mueca desdentada de los que están aprendiendo a ser felices. Al lado, Nael gateaba hacia algo