La madrugada encontró a Antonia en la biblioteca, con los mapas desplegados sobre la mesa y los dedos manchados de tinta roja. Había estado trazando rutas, calculando distancias, memorizando cada callejón sin salida y cada salida de emergencia. La taza de café que tenía a su lado se había enfriado hacía horas, y el cansancio le pesaba en los párpados, pero no podía permitirse descansar. No mientras Noah estuviera en manos de Valeria.
Caleb llegó con el amanecer. Su rostro estaba pálido, las oje