La noticia de que Noah y Antonia se mudarían a la mansión se extendió por la Red como reguero de pólvora. Caleb fue el primero en enterarse, y aunque no dijo nada, su ceño fruncido era más elocuente que cualquier palabra. Elena, en cambio, recibió la noticia con una sonrisa que Antonia no sabía interpretar. No era sorpresa. No era aprobación. Era alivio. El alivio de quien sabe que, a veces, las decisiones más difíciles son también las más necesarias. Después de todo, ellos habían sido los que