El hospital había sido un desastre. Antonia se había instalado en la habitación de Tobías como si fuera suya, acercando una silla a la cuna, tomando la mano del niño, mirando a Alejandro con esos ojos que parecían decir «te lo dije». Camila había tenido que retirarse para no levantar sospechas, pero cada minuto que pasaba lejos de esa habitación era un minuto que Antonia ganaba terreno. No podía permitirlo. Tenía que recuperar el control antes de que fuera demasiado tarde.
El teléfono que tenía