La mañana amaneció gris y fría sobre la ciudad, con un cielo cubierto de nubes bajas que amenazaban lluvia. Camila salió de la mansión antes de que el sol asomara del todo, cuando los jardines todavía estaban cubiertos de escarcha y los pájaros apenas comenzaban a cantar en las ramas de los árboles. Llevaba un abrigo oscuro, el cabello recogido en un moño apretado, y en el rostro una expresión de determinación que no mostraba en la mansión. No vestía el uniforme de enfermera que la hacía parece