La noche cayó sobre la cabaña como un manto de plomo, espeso y húmedo, cargado de la presión que precede a una tormenta. Antonia había preparado la cena casi sin pensar, cortando verduras y removiendo ollas con una mano mientras sostenía a Nael con la otra. Leo jugaba en el suelo con sus bloques de madera, y Noah estaba en la biblioteca, revisando los informes de Caleb sobre los movimientos del Sindicato. Era una noche como cualquier otra en esos días de espera y vigilancia, y sin embargo, algo