Camila esperó el momento preciso para actuar. Sabía que Alejandro estaba perturbado por la videollamada, que las palabras de Antonia habían sembrado una semilla de duda en su cabeza. No podía permitir que esa semilla creciera. Tenía que arrancarla de raíz antes de que fuera demasiado tarde, y sabía exactamente cómo hacerlo.
La encontró en la biblioteca, horas después de que Tobías se durmiera. Alejandro estaba sentado en su sillón de cuero, con un libro abierto sobre las rodillas que no leía. S