El estruendo de una explosión controlada en la entrada del hangar sacudió los cimientos del refugio. Antonia dio un salto, empuñando su arma con manos temblorosas, mientras Noah se ponía frente a ella, cubriéndola con su propio cuerpo. De entre el humo y el resplandor de las luces de emergencia, emergió una figura que Noah veía en sus pesadillas: «Caleb».
Llevaba el uniforme táctico del Sindicato, su rostro marcado por una cicatriz que no tenía cuando Noah lo vio «morir» en aquel incendio años