No sabía cómo ayudar a Gamaliel.
La razón me decía que tenía que dejarlo vivir la transformación solo, sin intervenir. Por otra parte, mi instinto gritaba que me acerque a él, que lo ayude.
Su figura humana se encontraba recostada sobre el suelo, temblaba con fuerza y estaba en posición fetal.
Me acerqué con pasos lentos, pero seguros. Una vez que estuve a pocos centímetros de él me senté a su lado sobre mis patas traseras y acerqué mi hocico a su rostro. Pasé mi lengua por su fría piel y es