La manada del norte nos tenía rodeados desde hacía horas, recordándonos con su sola presencia que la luna roja estaba a punto de alzarse sobre nosotros.
Nadie hablaba demasiado.
No hacía falta.
La tensión podía olerse en cada rincón de la aldea.
Remus permanecía inmóvil frente al círculo de piedra donde tendría lugar la ceremonia, mientras los ancianos terminaban de preparar el terreno. Más allá, decenas de lobos observaban en absoluto silencio.
Todos habían venido por la misma razón.
Presenci