Nunca había visto reunidos a tantos lobos.
El bosque, normalmente silencioso, estaba ocupado por decenas de miembros de la manada del norte. Algunos permanecían en su forma humana, otros descansaban convertidos en lobos, atentos a cualquier movimiento. Nadie levantaba la voz. Las conversaciones eran apenas murmullos que el viento se llevaba antes de que pudiera distinguir alguna palabra.
Gamaliel se encontraba a unos metros de mí.
Vestía una camisa oscura y unos pantalones sencillos. Tenía los