Me crucé de brazos, todavía sintiendo el eco del rechazo de Gamaliel golpeándome por dentro.
—Yo creo que deberías darle espacio.
Giré la cabeza hacia Fahra con una mueca clara de desacuerdo.
Sí, le había pedido un consejo.
Pero no significaba que me fuera a gustar su respuesta.
—Está en peligro —puntualicé, firme—. De hecho, si no hubiera llegado a tiempo, lo hubieran cazado.
Fahra apoyó el hombro contra el marco de la puerta, observándome con esa calma que empezaba a irritarme.
—Sí —dijo—, pe