65. Háblame …
Maximiliano
Mis palabras vibran en la estancia vacía.
Le lanzo la pregunta, y mi voz es un rugido sordo, un latigazo gélido que retumba en las paredes desnudas del sótano.
Ella traga saliva de forma visible, dando un microsegundo de retraso que mi ojo clínico detecta como el intento desesperado de armar una coartada.
Junta las manos frente a su delantal, apretándose los dedos con una fuerza que los vuelve pálidos.
—Maxim…Señor Roth… yo… yo solo salí un momento —me dice, y su voz tiembla de una