29. Ahogarse en miel
Maximiliano
Lucas se acomoda el saco de la bata con total parsimonia, mirándome con una expresión entre burlona y profundamente fastidiada.
—¿De qué carajo estás hablando ahora, Max?
—Sabes perfectamente de qué estoy hablando —le digo, dando un paso hacia él, invadiendo su espacio—. Esas sonrisitas con la Soler. ¿Qué demonios pretendes? Te ordené que trataras al niño, no que te hicieras el maldito galán con la hermana.
Lucas deja escapar una carcajada seca, negando con la cabeza como si estuvie