25. Un agradecimiento agridulce
Clara
El piso parece moverse bajo mis pies. Me le quedo mirando con el rostro encendido de humillación y rabia, incapaz de creer que se atreva a sacar eso a relucir en un momento como este.
—A esto mismo me refiero —los interrumpe Lucas, metiéndose entre los dos con el ceño fruncido—. No sé a qué maldito juego están jugando ustedes dos, pero el niño no tiene la culpa. La infección que tiene en los pulmones podría haberlo matado, Clara.
Lucas se gira hacia Maximiliano, repitiendo la frase con un