24. Un juego retorcido
Clara
El frío que cala mis huesos no es nada comparado con el hielo que se ha instalado en mi pecho. Me quedo de pie, inmóvil en el centro de la habitación vacía, abrazándome a mí misma mientras el agua sucia de mi uniforme sigue goteando sobre la alfombra. El silencio que ha dejado Maximiliano al salir es denso, asfixiante, cargado con el eco de las palabras de Matti.
«El monstruo nos está cazando».
Un escalofrío violento me sacude de pies a cabeza. El pánico es una criatura viva que me araña