131. Listos para el circo
Clara
Miro fijamente el espejo de cuerpo entero y me cuesta reconocer a la mujer que me devuelve la mirada. El vestido de gala es de un verde esmeralda profundo, de seda pesada que se ciñe a mi cintura y cae hasta el suelo con una elegancia impecable. El escote en la espalda es pronunciado, pero esta vez no siento la necesidad de esconderme; el cabello me cae de lado en ondas suaves, cubriendo estratégicamente las marcas del pasado, pero la postura que tengo ya no es la de la chica rota de hace