128. Eres mía
Maximiliano
La luz pálida de la mañana se filtra por las rendijas de las cortinas pesadas, dibujando líneas doradas sobre la cama. Me quedo completamente inmóvil, escuchando el silencio de la habitación y el sonido acompasado de su respiración. Todo dentro de mí se siente extrañamente descolocado, como si las piezas del rompecabezas que construí para protegerme del mundo se hubieran reordenado durante la noche. Todavía estoy tratando de asimilar lo que pasó. Siento el calor de su cuerpo pegado