127. Primera vez
Clara
Maximiliano me recibe gustoso, soltando un gruñido sordo desde el fondo de su pecho mientras sus brazos me rodean por completo, despegándome del suelo por un instante para pegarme a su cuerpo.
El beso se vuelve profundo, húmedo, cargado de una pasión que ya no conoce límites. Mis manos viajan por su espalda texturizada de músculos, enterrando mis dedos en su piel mientras él me guía lentamente hacia la enorme cama del centro de la habitación.
Nos dejamos caer sobre las sábanas de seda os